| Espíritu y Carisma |
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| Dimensiones - Obra Don Luís Guanella | ||||||||
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Como él, también nosotros somos enviados a evangelizar a los pobres, y a suscitar en ellos motivos de esperanza, revelándoles el amor del Padre haciéndonos instrumentos de la Providencia a través de la práctica de las obras de misericordia del ministerio de la caridad pastoral. Las personas más afectadas en el cuerpo y en el espíritu, los faltos de apoyo humano, los niños, ancianos y «buenos hijos» son las personas que cuidamos y definen nuestro apostolado. La caridad de Cristo nos ha convocado a formar una comunidad de hermanos, que en la entrega total a Dios y al prójimo, se proponen realizar el proyecto del Fundador. Unidos por un vínculo especial de caridad, como miembros de una misma familia, Clérigos y Hermanos, llevamos vida en común y seguimos a Cristo con la profesión pública de los consejos evangélicos. Constituimos en la Iglesia un Instituto religioso de vida apostólica, clerical y de derecho pontificio, articulado en casas y provincias, bajo la guía del superior general, animador y custodio de la fidelidad al carisma fundacional. Como toda comunidad cristiana, somos pueblo de Dios, morada del Espíritu y estirpe elegida para realizar un sacerdocio real.
Atentos á los signos de los tiempos y en colaboración con los hombres de buena voluntad, nos empleamos en la defensa de los más débiles, para que nadie sea olvidado en la vida y trabajamos en la construcción de un mundo más justo, abierto a Cristo y a su Evangelio. Toda nuestra experiencia de fe y servicio tiene como centro la caridad, vivida en el abandono filial a Dios y en la misericordia evangélica hacia los pobres. Este espíritu constituye para nosotros la herencia más preciosa que nos dejó el Fundador: confiere su propia fisonomía al Instituto y carácter específico a nuestra presencia en la Iglesia. Alcanzados gratuitamente por su misericordia, nos esforzamos en hacerla visible, siendo también nosotros misericordiosos y dando testimonio de fe viva en la Providencia que reviste a los lirios del campo y alimenta a las aves del cielo. El espíritu de familia, siempre inculcado por el Fundador, nos hace vivir como una única Casa del Providencia. En la familia de Nazaret él nos ha indicado la imagen ejemplar de vida familiar, centrada totalmente en la persona de Jesús y caracterizada por la sencillez, confianza y completa disponibilidad a los deseos del Padre. Para consolidar los vínculos de hermandad y amor nos ha trazado en el "método preventivo" un camino rico en espiritualidad que nos impulsa, a imitar la bondad de Dios, a envolver de amabilidad y cuidados a los hermanos con una presencia constante, que aleje de ellos el mal y favorezca su propio bien. "Orar y padecer" es el programa que nos ha indicado el Fundador y que expresa las condiciones fundamentales para dar eficacia y santidad a la Congregación.
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Colombia - Miércoles, 08 Septiembre 2010




